El valor de soltar

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En ocasiones, una persona puede aferrarse tanto a alguien que deja de percibir su verdadera naturaleza y, como consecuencia, termina sufriendo. Entonces surgen las preguntas que se evitan por temor:

¿Por qué permanecer en un lugar donde no soy visto?, ¿por qué tolerar la indiferencia?, ¿por qué aceptar la falta de valoración?

Muchas veces ocurre porque olvida quién es.
La persona se pierde tanto en la presencia del otro que comienza a temer la soledad o el simple hecho de reencontrarse consigo misma.

Sin embargo, no existe razón para temer.
Es necesario soltar.
Soltar aquello que causa daño, dejar de esperar que la otra persona tome conciencia o que ofrezca la disculpa que nunca llego.

Incluso es indispensable soltar ese ideal de lo que podría llegar a ser.

El amor genuino no genera inseguridad, no obliga a esperar migajas afectivas ni exige tolerar tormentas internas que desgastan la paz.

Es la propia vida y es el propio corazón, lo que reconoce el verdadero valor.

Porque amar también implica retirarse de los lugares donde no existe respeto ni reconocimiento. Ese acto es, en sí mismo, una forma de dignidad

Diana Belen

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