El arte de amarme


Les contaré una historia de amor, aunque no hablaré de un chico.

Les contaré la conquista más sagrada que una dulce chica pudo lograr: la conquista de sí misma. Ella aprendió a dejar ir, no solo a una persona, sino también a sus miedos, descubriendo así la fuerza para proteger lo que verdaderamente ama.

La juzgaron sin detenerse a conocerla, sin ver que atravesaba momentos difíciles.
Y aun así, fue en ese desafío cuando esta chica se levantó de la cama, respiró profundo, y al mirarse en el espejo reconoció la luz de su verdadera belleza.
Eligió ser la mujer que siempre quiso ser, sin máscaras, pues su alma nació libre.

Un alma tan rebelde y luminosa que no se somete a reglas ajenas; simplemente se permite ser.
Por eso, dejó de preocuparse por lo que otros pensaran o dijeran.
Con el tiempo, se volvió aún más hermosa, ya que decidió no ocultar su esencia.
Y si se equivoca, lo acepta: sabe que cada error es una enseñanza que el universo coloca en su camino.

Aprendió también a ser compasiva consigo misma.
Aprendió a decir “no” cuando algo no vibra con su alma y a expresar lo que siente sin miedo.
Ya no teme mostrar su verdad, porque entendió que su voz es sagrada.
Tomó entonces la decisión más trascendental: amarse profundamente.
Y lo hizo tanto, que ahora cada batalla se convirtió en guía, en maestra, en impulso para
elevar su espíritu y seguir embelleciéndose desde adentro.

Porque su amor —ese amor propio renovado— se transformó en arte, en creación, en vida.

Diana Belen

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